Por: José Rangel Barón
Hay momentos en la historia de los pueblos en los que la voz de lo trascendente irrumpe en el corazón humano para recordarnos quiénes somos y hacia dónde debemos caminar. Momentos en los que la luz se manifiesta para que los pueblos no olviden su raíz espiritual, su verdadera esencia. Esta revelación mariana , esta inspiración divina que habla al alma de mi hermana Barbarita, , hoy en el cielo, y a la mía acá en la Tierra, surge como un faro en medio de la noche de un país herido, nuestra amada Venezuela. Mi hermana, mujer piadosa, hija de María desde su adolescencia, vivió abrazada a la fe; y en esa fe encontró la fuerza para comprender que todo dolor tiene sentido cuando conduce a la verdad, al amor y a la redención.
Hoy Venezuela vive una crisis que no es solo política, económica o social. Es una crisis espiritual. Un desgarramiento profundo en la fe, en la esperanza y en la confianza de un pueblo que durante más de un cuarto de siglo ha sido sometido a un proyecto de destrucción moral que buscó quebrar lo más sagrado de la identidad venezolana: su alma creyente.
Porque Venezuela no es solo una nación; es un espíritu.
Un espíritu humilde, piadoso, mariano, profundamente cristiano.
Un espíritu Solidario y fraternal que abre la puerta al desconocido, que comparte el café y el pan con el vecino, que nunca ha preguntado por origen para tender la mano al migrante.
Un espíritu hecho de solidaridad, no de odio; de compasión, no de resentimiento.
Sin embargo, este régimen , aprobioso, ilegítimo y desprovisto de toda estructura ética y moral intentó sustituir esa columna espiritual por prácticas esotéricas, oscuras y contrarias a la fe de nuestro pueblo. Intentó romper lo que somos. Pero no pudo. Porque ningún poder humano o perverso puede destruir aquello que nace del alma de una nación cuando esa alma está custodiada por Dios y por su Santísima Madre.
Hoy, cuando el final histórico de ese ciclo de destrucción se acerca, cuando los cimientos de esa mentira comienzan a quebrarse, surge un imperativo moral superior: llamar a Venezuela a la redención y reconciliación verdadera.
Una reconciliación sin odio, sin venganzas, sin retaliaciones.
No se trata de olvidar, ni de ocultar, ni de justificar.
Se trata de algo más profundo:
Se trata de SANAR.
Porque un país no renace desde la rabia y la venganza.
Renace desde la verdad, la justicia , el perdón y la RECONCILIACIÓN.
Hay quienes callaron por miedo ante la impotencia.
Hay quienes cedieron para sobrevivir en una Nación secuestrada por el terror y el poder de las armas , para poder alimentar a sus hijos.
Hay quienes sobrevivieron entre persecución, cárcel o exilio.
Juzgarlos desde la comodidad y la prepotencia es una nueva injusticia; comprenderlos desde la fraternidad es un acto de amor y humanidad.
La verdadera paz solo nace del espíritu, y el espíritu del venezolano ha demostrado ser resiliente, estoico y profundamente solidario. Por eso, en esta hora decisiva, debemos elevar nuestra Conciencia Moral y Espiritual y promover desde todas las instancias , un mensaje para La Paz, con Justicia , tolerancia , reconocimiento mutuo y reconciliación Nacional.
Venezuela debe ser un país de amor, no de odio.
Un país de fraternidad, no de resentimiento.
Un país de justicia, no de venganza.
Un país que se reconcilia, no que se despedaza.
El reencuentro: mirarnos a los ojos y reconocernos
Cada venezolano lleva en su memoria una “lista distinta de culpables y de justos. Ninguna coincide con la otra.
Esa es la verdad, precisamente la prueba de que la verdad no puede construirse desde el dolor individual, sino desde un proyecto colectivo de SANACION.
Necesitamos volver a mirarnos a los ojos y reconocernos por lo que somos, no por lo que cada quien tuvo que hacer para sobrevivir. Reconocer en el otro su humanidad antes que su historia política. Reconocer que todos compartimos la misma herida, y que solo unidos podremos cerrar la llaga abierta que dejó este periodo oscuro de nuestra Historia contemporánea.
2026: el inicio de un ciclo espiritual.
La transición que Venezuela necesita no será solo política.
No será solo económica.
No será solo social.
Será, ante todo, ESPIRITUAL .
Un renacimiento moral.
Una regeneración moral y ética.
Un despertar de los valores que siempre nos definieron como nación:
• el amor al prójimo,
• la libertad como derecho sagrado,
• la justicia como base de la convivencia,
• la verdad como deber moral,
• la tolerancia como puente para la paz.
El país que merecemos no será construido desde la ira, sino desde el corazón. Con la Santísima Virgen que siempre ha acompañado al pueblo venezolano en sus dolores y en sus esperanzas. Desde la fe que nunca se extinguió, aunque la oscuridad la quiso apagar.
Llamado a Venezuela y a su diáspora:
A los que están dentro.
A los que están fuera.
A quienes resistieron.
A quienes sufrieron.
A quienes esperan.
ESTE ES EL MOMENTO DE UNIR EL ALMA DE LA NACIÓN VENEZOLANA.
Estamos obligados a superar las pasiones bajas. Es la hora ;
De renunciar al resentimiento.
De reparar la grandeza moral del país.
De reconstruir, con paciencia y con amor, la Venezuela que queremos, la Venezuela que necesitamos, la Venezuela que merecemos.
No más violencia.
No más odio.
No más destrucción.
Que la Santísima Virgen, Madre de Venezuela, ilumine este tiempo de transición. Que nos dé la fortaleza para perdonar, la claridad para hacer justicia y la sabiduría para reconstruir la nación desde el espíritu, porque solo un país reconciliado podrá caminar hacia su destino histórico de libertad, Justicia, Democracia y progreso socio- económico.
JARB/
Miami /15/2025.