la humanidad encadenada nuevamente
La esclavitud, que la humanidad creyó abolida con tanto dolor y lucha, ha vuelto a resurgir bajo nuevas máscaras. En Venezuela, Cuba, Bolivia, Colombia, Nicaragua, y muchos otros pueblos enteros, en diversas regiones del mundo son sometidos a un sistema que niega la vida misma: con salarios inexistentes,como el caso Venezolano ( menos de un dólar mensual), hambre y miseria programada, con ausencia de salud, vivienda, agua potable, vivienda y electricidad. El ser humano reducido a la nada, a la sobrevivencia precaria, en pleno siglo XXI.
Los hermanos Monagas en Venezuela, Nelson Mandela en Sudáfrica, Martin Luther King en los Estados Unidos y tantos otros líderes lucharon y entregaron sus vidas por abolir la esclavitud y la discriminación. Hoy, sin embargo, nos encontramos frente a una nueva forma de esclavitud , quizás más cruel: la esclavitud por hambre, miseria e ignorancia.
El salario inexistente: trabajo sin vida
En Venezuela, un trabajador gana menos de un dólar mensual. En Cuba, la cartilla de racionamiento sustituye el salario. En Nicaragua, la represión cancela cualquier posibilidad de dignidad laboral.
Esto significa que el trabajo ha dejado de ser fuente de vida y se ha convertido en instrumento de sometimiento.
“La esclavitud no se abolió, se transformó.” (Reflexión inspirada en Karl Marx ) y en los testimonios de millones de pueblos ambrientos e ignorantes, sometidos.
La nueva servidumbre: hambre, ideología y miedo
Los regímenes del mal llamado “socialismo del siglo XXI” , en América Latina han sustituido las cadenas de hierro por cadenas de hambre , miseria e ignorancia, in visibilizando al Ciudadano mediante la manipulación ideológica, la represión armada y la dependencia alimentaria.
Los ciudadano son sometidos por la fuerza de las armas a la tolerancia a la tolerancia y obediencia , a cambio reciben apenas una dádiva (bolsa CLAP, con raciones mínimas, o cartillas) que le permite sobrevivir, pero no vivir.
Incluso en la historia antigua, los esclavos recibían mejor alimentación básica y techo porque eran considerados propiedad útil. Hoy, millones de seres humanos carecen de todo: ni salud, ni servicios, ni vivienda, ni esperanza.
Un retroceso histórico: del humanismo al feudalismo deformado
El hombre ha luchado siempre por liberarse. Sócrates, Rousseau, Kant, Sartre y Kelsen, desde distintos ángulos, defendieron la libertad, la justicia y la dignidad.
Hoy, sin embargo, vemos una humanidad que ha retrocedido a la Edad Media, a un feudalismo degradado donde el ciudadano es un siervo de la gleba sin salario ni derechos.
“La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes.” (Martin Luther King).
“Ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir de una manera que respete y mejore la libertad de los demás.” (Nelson Mandela).
El fracaso de la comunidad internacional
Los tratados internacionales como ( la Convención de Ginebra, Declaración Universal de Derechos Humanos, Convención Americana de Derechos Humanos), reconocen el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud, al asilo, a la no devolución.
Sin embargo, la indiferencia de las grandes potencias y la pasividad de los organismos internacionales se traducen en una negligencia criminal.
Miles de niños mueren por falta de alimentos o medicinas. Jóvenes huyen por mares y selvas. Ancianos perecen sin tratamiento. Y la humanidad, indiferente, gasta trillones en armas en lugar de invertir en hospitales, escuelas, agua potable, educación y deporte, al libre desenvolvimiento de la persona humana.
Un llamado a la conciencia y a la acción:
La verdadera libertad no es solo política, es también moral, espiritual y social. La lucha de la humanidad siempre ha sido por la liberación auténtica del ser humano en todas sus dimensiones.
Hoy debemos levantar un grito por la vida y exigir que los recursos del mundo no se desperdicien en guerras, sino que se inviertan en la formación del hombre:
• Educación para liberar de la ignorancia.
• Salud para preservar la vida.
• Agua y vivienda como derechos básicos universales.
• Deporte y cultura para formar mejores ciudadanos.
• Formación moral y espiritual para evitar que el poder degenere en tiranía.
Conclusión: entre barbarie y civilización.
Nos enfrentamos a una disyuntiva radical: o seguimos retrocediendo hacia la barbarie y la esclavitud disfrazada, o avanzamos hacia la civilización y la dignidad humana.
“La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía.”
(Simón Bolívar).
Hoy, más que nunca, debemos alzar la voz, porque sin salud, sin educación, sin alimento, sin vivienda, sin agua y sin libertad, no hay vida.
Y negar la vida o vivirla sin dignidad es el crimen más grave contra la humanidad.