I. Introducción:
la soberanía no admite ficciones.
Venezuela atraviesa una de las crisis más profundas de su historia republicana. No se trata únicamente de una crisis económica o social, sino de una crisis de legitimidad, de verdad y de soberanía real. Frente a este escenario, resulta intelectualmente deshonesto y políticamente peligroso continuar utilizando la palabra soberanía como consigna retórica, vacía de contenido, manipulada según la conveniencia de los grupos de poder o de los extremos políticos.
La soberanía no es un eslogan, no es una bandera ocasional, ni una excusa para justificar abusos.
La soberanía existe solo cuando se ejerce, y se ejerce a través del ciudadano, mediante la ley, la participación, el control democrático y la rendición de cuentas.
Sin estos elementos, no hay soberanía: hay dominación.
II. Fundamentos clásicos de la soberanía y la democracia:
Desde la filosofía política clásica, la soberanía se concibe como una expresión racional y ética del poder colectivo. Así lo entendieron Platón, Sócrates y Aristóteles, para quienes el poder legítimo debía estar sometido a la ley, a la virtud cívica y al bien común.
Más adelante, Jean-Jacques Rousseau sostuvo que la soberanía reside exclusivamente en la voluntad general, y que cuando el poder deja de representarla, pierde su legitimidad.
La soberanía no pertenece al gobernante, ni al partido, ni al Estado como aparato: pertenece al pueblo.
En la modernidad, Immanuel Kant estableció que la ética y la legalidad son inseparables de la libertad política, mientras que Jean-Paul Sartre advirtió que la mala fe , la mentira convertida en sistema, destruye la libertad individual y colectiva.
Desde esta tradición filosófica, no puede existir soberanía sin democracia, ni democracia sin verdad.
III. La experiencia venezolana: cuando el poder violó la soberanía del pueblo.
La historia reciente de Venezuela demuestra cómo el concepto de soberanía fue progresivamente desnaturalizado y utilizado como coartada política.
Desde la llegada al poder de Hugo Chávez Frías, y con mayor profundidad durante el gobierno de Nicolás Maduro Moros, se produjo un proceso sistemático de:
• destrucción de la separación de poderes,
• eliminación de los mecanismos de control ciudadano,
• persecución política y criminalización de la disidencia,
• confiscación arbitraria de propiedades privadas,
• expropiación ilegítima de empresas nacionales e internacionales,
• apropiación indebida de bienes productivos sin indemnización ni rendición de cuentas.
Estas acciones violaron frontalmente la soberanía popular, pues despojaron a los ciudadanos de su derecho a decidir, a controlar y a participar en la administración de los asuntos públicos.
Ninguna de las empresas confiscadas fue luego productiva.
Ninguna generó bienestar colectivo.
La mayoría fue saqueada, destruida o convertida en instrumentos de corrupción.
Eso no fue soberanía económica.
Fue usurpación del poder soberano del pueblo venezolano.
IV. La hipocresía del discurso soberanista.
Uno de los rasgos más graves del colapso institucional venezolano ha sido la hipocresía sistemática en el uso del concepto de soberanía.
Quienes hoy se presentan como sus defensores:
• entregaron recursos estratégicos del país a potencias extranjeras,
• cedieron influencia política, militar y económica sin control legal,
• destruyeron el Banco Central y los sistemas de contraloría,
• gobernaron y manejaron la Hacienda Pública Nacional sin rendir cuentas al pueblo.
No se puede hablar de soberanía:
• cuando se gobierna sin ley,
• cuando se anula la voluntad popular,
• cuando se sustituyen instituciones por falsas lealtades personales,
• cuando se administra el patrimonio nacional sin transparencia.
La soberanía no es selectiva.
No se invoca según convenga.
O se ejerce conforme a la ley y la ética, o no existe.
V. Ruptura constitucional, fuerza y responsabilidad histórica.
Desde una perspectiva jurídica y política honesta, es imprescindible afirmar que la ruptura del orden constitucional no comenzó con la reacción ciudadana, sino con el cierre deliberado de todas las vías constitucionales y legales para resolver la crisis venezolana.
Cuando un régimen:
• impide referendos,
• manipula elecciones,
• desconoce resultados verificables,
• elimina la independencia judicial,
• persigue a la oposición y a la disidencia,
ese régimen se coloca fuera de la legalidad y rompe el pacto democrático.
La responsabilidad histórica de esta ruptura recae en quienes ejercieron el poder de manera ilegítima, violentando la soberanía de las instituciones y del pueblo.
VI. El 28 de julio: la verdad como punto de partida.
“ Solo la verdad os hará Libres”.
Las elecciones del 28 de julio constituyen un hito fundamental. Incluso bajo un sistema electoral profundamente viciado, se demostró de forma clara y documentable la voluntad popular.
La victoria contundente de Edmundo González Urrutia, respaldada por María Corina Machado, fue incuestionable.
El posterior desconocimiento de esos resultados, sin actas, sin totalización y sin transparencia, no es un acto administrativo, sino una ruptura deliberada del principio democrático.
La verdad electoral es un hecho.
Negarla no la borra.
Ocultarla no la invalida.
VII. La verdad como cimiento de la República.
No es posible refundar una República sobre la mentira.
No es posible construir unidad desde la falsificación de la historia.
No es posible pedir reconciliación sin verdad.
Incluso el pensamiento de Simón Bolívar ha sido manipulado para justificar aquello que él combatió: la tiranía, el abuso de poder y el desprecio por el ciudadano.
La verdad no divide: ordena.
La verdad no destruye: legitima.
La verdad no debilita al Estado: lo funda.
VIII. Llamado al pueblo venezolano: unidad desde la verdad:
Este es un llamado al pueblo de Venezuela.
No a una unidad artificial.
No a la conciliación basada en el olvido impuesto.
No a la mezcla de verdad y mentira.
La verdadera unidad solo puede construirse:
• desde la verdad,
• desde la ética,
• desde la ley,
• desde el reconocimiento mutuo entre ciudadanos libres.
No se puede unir agua con aceite.
Pero sí se pueden reunir los fragmentos de verdad para reconstruir una nación.
Porque solo la verdad genera confianza,
solo la verdad crea legitimidad,
y solo la verdad hace posible la libertad.
Ninguna República nace de la mentira.
Ningún pueblo se salva negando su historia.
La verdad , y solo la verdad sera el punto de partida para la refundación de Venezuela.
La Verdadera Unidad se construye desde el reconocimiento mutuo con base a la Verdad.