Por Lilly Rangel
Un pequeño homenaje para quienes crecimos con ella y hoy la vivimos a distancia
Cuando vivía en Venezuela, el día de la Chinita no era solo una fecha del calendario. Uno crece sintiendo que ese 18 de noviembre el Lado, la ciudad y el cielo hablan el mismo idioma.
Desde que me fui, el día de la Chinita se volvió otra cosa.
Ya no hay cohetes, ni procesión, ni la misma misa de siempre.
Hay un apartamento en otra ciudad, otro clima, otra rutina.
Pero ese día el corazón hace lo mismo se va un ratico al Zulia, aunque el cuerpo siga aquí.
Si también eres migrante, quizás hoy no tengas feria, ni gaitas en la calle, ni a toda tu familia contigo.
Tal vez solo puedas mandar una nota de voz, ver una foto vieja o poner una gaita bajito en el celular.
Igual vale. Igual Cuenta.
La chinita también es eso: La manera en la que nos seguimos buscando aunque estemos regados por el mundo.
Hoy le dejo esta intención a la Chinita:
Por las familias partidas, por los que extrañan el Lago, por los que sueñan con volver y por los que ya no tiene a quien llamar.
Que donde estemos, no se nos olvide que todavía sabemos hacer casa.
18 de noviembre
Virgen de la Chiquinquirá