Cuando los inocentes pagan el precio del fanatismo y la ambición..
EL ORIGEN: UNA DECISIÓN DE LA ONU QUE CAMBIÓ EL SIGLO XX
En 1947, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 181, que recomendaba crear dos
Estados en Palestina: uno judío y uno árabe. Los líderes judíos aceptaron, mientras que los dirigentes
árabes y siete países vecinos la rechazaron y respondieron con la guerra. Así nació Israel en 1948,
mientras Palestina nunca llegó a constituirse como Estado. Jordania ocupó Cisjordania y Jerusalén
Este, y Egipto controló Gaza. Durante esos 19 años, nadie habló de “Palestina libre”.
IDENTIDADES Y NEGACIONES
La identidad palestina moderna se consolidó en el siglo XX, fruto de la experiencia del colonialismo, la
guerra y la ocupación. Negarla sería negar la historia. Pero también es cierto: las oportunidades de
paz fueron rechazadas. En Camp David 2000, Yasser Arafat rechazó una propuesta de Estado
palestino con capital en Jerusalén Este. En 2008, Mahmoud Abás tampoco aceptó una propuesta
similar. Mientras tanto, la construcción de asentamientos israelíes en Cisjordania alimentaba más
desconfianza.
OSLO Y GAZA: DE LA ESPERANZA AL FRACASO
En 1993, los Acuerdos de Oslo marcaron un giro histórico: Israel y la OLP se reconocieron
mutuamente, y nació la Autoridad Palestina con autogobierno limitado. Pero la esperanza se rompió:
en 2005 Israel se retiró de Gaza, en 2006 Hamás ganó las elecciones y en 2007 tomó el poder
absoluto tras un golpe violento contra Fatah. Desde entonces, Gaza está bajo un régimen autoritario
islamista, sin elecciones libres, ni libertades políticas ni sociales.
HAMÁS: EL FUNDAMENTALISMO QUE ATRAPA A GAZA
Hamás gobierna con una dictadura religiosa que reprime a mujeres, periodistas, disidentes y
homosexuales. Su estrategia terrorista usa a los civiles como escudos humanos y promueve la
“muerte como martirio”. Los fondos internacionales que deberían ir a hospitales y escuelas terminan
en túneles y misiles. Su Carta de 1988 llama abiertamente al exterminio del pueblo judío. Gaza sufre
doblemente: bajo las bombas y bajo la represión de sus propios gobernantes.
ISRAEL: DEMOCRACIA ÚNICA EN MEDIO ORIENTE, PERO NO SIN CONTRADICCIONES
Israel es el único país de la región donde judíos, musulmanes y cristianos rezan libremente. Dos
millones de árabes son ciudadanos plenos, con derecho a voto y representación parlamentaria. Sin
embargo, persisten desigualdades y políticas controvertidas —como los asentamientos y la
Ley-Estado Nación de 2018— que dificultan el horizonte de paz.
LOS INOCENTES, SIEMPRE EN EL MEDIO
Los eslóganes simplifican una realidad compleja. “Palestina libre” se convierte, bajo Hamás, en un
grito vacío que significa libertad para que un grupo fundamentalista siga oprimiendo. “Seguridad para
Israel” tampoco puede ser excusa para perpetuar un statu quo sin horizonte político. El resultado:
niños enterrados bajo escombros en Gaza y familias israelíes llorando a sus víctimas de atentados.
Los pueblos, no los líderes, cargan con el costo del fanatismo.
LA ÚNICA SALIDA POSIBLE: DOS ESTADOS
Un Israel seguro y una Palestina libre y democrática. Nada menos. Nada más. Claves para avanzar:
aislar y deslegitimar a Hamás, reformar la Autoridad Palestina con elecciones libres, garantizar ayuda
humanitaria real y supervisada, congelar asentamientos israelíes y detener demoliciones en
Cisjordania, y crear mecanismos internacionales de seguridad con observadores y tecnología.
CONCLUSIÓN: UN LLAMADO A LA VERDAD Y A LA RESPONSABILIDAD
El conflicto no puede seguir explicado por consignas. Es la historia de rechazos, guerras,
ocupaciones, fanatismo religioso y ambición política. La única salida pasa por reconocer dos derechos
inalienables: el derecho de Israel a existir y vivir seguro, y el derecho del pueblo palestino a un Estado
libre y democrático. Todo lo demás es retórica que confunde al mundo, mientras los inocentes pagan
el precio del odio y la manipulación ideológica.