Claves para entender la fase actual de la transición.
En medio de la profunda expectativa que vive el país, muchos venezolanos se preguntan por qué, en esta etapa crítica, los contactos y negociaciones internacionales parecen darse con figuras del poder chavista y no directamente con los líderes civiles de la oposición democrática. Para comprender este momento histórico es necesario mirar la realidad con serenidad, sin ingenuidad, pero también sin perder la esperanza.
Lo que ocurre hoy no es una traición a la causa democrática.
Es, más bien, una fase inevitable en cualquier transición compleja desde un régimen autoritario profundamente armado y estructurado.
⚖️ La diferencia entre legitimidad y control real.
En ciencia política existe una distinción clave:
• Legitimidad: quién tiene el respaldo popular y moral.
• Control efectivo del poder: quién controla las armas, el territorio, la burocracia y los mecanismos de coerción.
En Venezuela, durante más de dos décadas, el chavismo construyó no solo un proyecto ideológico, sino un sistema de control institucional, militar y económico. Ministerios, empresas estatales, fuerzas de seguridad, inteligencia, colectivos armados y cadenas logísticas siguen funcionando bajo estructuras heredadas del régimen.
Por esa razón, en la fase inicial de una transición, los actores internacionales priorizan el control del caos, no la perfección democrática inmediata.
🔥 Fase uno: evitar que el país se incendie
Toda transición desde un régimen autoritario atraviesa, al menos, tres etapas:
🔥 1. Contención del conflicto
Aquí se negocia con quienes:
• Tienen capacidad de desatar o frenar la violencia.
• Controlan aparatos administrativos esenciales.
• Pueden ejecutar órdenes inmediatas.
No se trata de simpatía ni de legitimación moral. Se trata de evitar un colapso violento del Estado, guerras internas o venganzas descontroladas.
Desde esta lógica, resulta comprensible , aunque doloroso para muchos, que se dialogue con figuras del chavismo que aún coordinan partes del aparato estatal.
🧱 Fase dos: reordenamiento político e institucional.
Superado el riesgo inmediato de explosión social o militar, comienza una segunda fase:
• Incorporación progresiva de actores civiles.
• Reorganización de instituciones.
• Diseño de marcos legales de transición.
• Reconstrucción administrativa.
Aquí es donde entran con mayor peso las figuras democráticas, los técnicos, los líderes de consenso y los representantes del voto popular.
🗳️ Fase tres: legitimación democrática.
Solo cuando el Estado deja de estar en modo de emergencia es posible avanzar hacia:
• Elecciones competitivas.
• Reconstrucción plena de partidos.
• Restitución de equilibrios institucionales.
• Refundación de la confianza ciudadana.
Es en esta fase donde el liderazgo político con respaldo popular asume el protagonismo que legítimamente le corresponde.
¿Dónde quedan María Corina Machado y Edmundo González?
Es importante decirlo con claridad:
que hoy no sean los principales negociadores no significa que estén fuera del futuro político de Venezuela.
Al contrario:
• Representan la legitimidad electoral y moral.
• Son fundamentales para la reconstrucción democrática.
• Tendrán un papel decisivo en la etapa de legitimación institucional.
El problema no es su liderazgo.
El problema es que no controlan , en este momento, estructuras armadas ni administrativas, y por tanto no pueden garantizar por sí solos la estabilidad inmediata del país en una fase de alto riesgo.
En términos simples:
no se apaga un incendio forestal con discursos, por muy justos que sean, sino con quienes pueden cerrar las válvulas del fuego.
🧠 El error emocional comprensible, pero peligroso.
Muchos ciudadanos piensan:
“Si cae el régimen, ahora gobiernan los buenos”.
La historia demuestra que no es así.
Primero gobiernan quienes pueden evitar el caos.
Luego quienes pueden administrar el Estado.
Y finalmente quienes pueden representar democráticamente al país.
Confundir estas fases lleva a frustraciones, divisiones internas y pérdida de confianza, justamente cuando la unidad social es más necesaria.
🌱 Realismo no es resignación.
Aceptar esta secuencia no significa claudicar en la exigencia democrática.
Significa comprender que la democracia también necesita condiciones materiales para existir: seguridad, funcionamiento institucional mínimo y control territorial.
La verdadera señal de alarma no sería que hoy se dialogue con actores del poder real, sino que:
• Se excluya permanentemente a los líderes democráticos.
• Se bloquee el camino hacia elecciones.
• Se consolide un nuevo autoritarismo maquillado.
Mientras exista una ruta , aunque lenta y compleja, hacia la reconstrucción institucional, hay espacio para la esperanza responsable.
Un país que merece algo más que sobrevivir o sobrevivir.
Venezuela no puede conformarse con salir del colapso para quedarse en una transición eterna.
El objetivo no es solo estabilizar, sino reconstruir un Estado democrático, funcional y reconciliado.
Ese proceso no será instantáneo.
No será limpio.
No será perfecto.
Pero puede ser el comienzo de un país donde la política vuelva a ser civil, donde la fuerza deje de ser argumento y donde el voto vuelva a valer.
✨ Mirar el momento con cabeza fría y corazón firme.
Hoy se negocia para evitar el desastre.
Mañana se negociará para gobernar.
Y después, para elegir.
La historia rara vez empieza donde quisiéramos, pero puede terminar mucho mejor de lo que tememos.
Comprender esta etapa no es renunciar al sueño democrático.
Es protegerlo para que, cuando llegue su turno, no nazca entre las ruinas, sino sobre bases reales de estabilidad y reconciliación nacional.