Es el rostro de Venezuela.
Es el rostro de una madre anciana, desgastada por el sufrimiento, por la espera interminable, por la humillación moral y por el dolor indescriptible de buscar a un hijo y recibir como respuesta el silencio, la mentira y la crueldad.
Carmen Navas sostiene la fotografía de su hijo, Víctor Hugo Quero Navas. Pero en realidad, sostiene el retrato de miles de hijos venezolanos arrancados de sus hogares por la persecución, el hambre, el exilio, la prisión, la desesperanza o la muerte.
Hoy, en el Día de las Madres, Venezuela no celebra.
Venezuela llora.
Llora con Carmen Navas y con tantas madres venezolanas que han perdido a sus hijos. Unos murieron. Otros permanecen presos. Otros caminan por el mundo como sombras errantes, expulsados de su patria por la necesidad y la desesperación, buscando en tierras extrañas el pan que les fue negado en el país más rico de América en recursos naturales, convertido hoy en uno de los más pobres por la corrupción, la represión y la destrucción institucional.
Ese rostro envejecido refleja la tragedia de millones de familias fracturadas.
Madres separadas de sus hijos.
Abuelas obligadas al exilio para cuidar nietos mientras sus hijos trabajan sin descanso en otros países.
Familias divididas entre aeropuertos, fronteras y cementerios.
Hogares vacíos.
Navidades incompletas.
Madres esperando llamadas que nunca llegan.
Este es el rostro de la destrucción de la familia venezolana.
El rostro de una nación sometida durante años por la fuerza, por el abuso, por el miedo y por la indiferencia de quienes tenían el deber histórico y moral de defenderla.
Cada arruga de Carmen Navas parece contar la historia de Venezuela entera.
La historia de las madres que recorrieron cárceles buscando a sus hijos.
De las que murieron esperando volver a abrazarlos.
De las que siguen rezando en silencio frente a una fotografía.
De las que viven desarraigadas lejos de sus jardines, de sus casas, de sus otros hijos y de sus recuerdos.
Por eso este rostro ya no pertenece solamente a Carmen Navas.
Pertenece a todas las madres venezolanas.
No olvidemos nunca esta imagen.
Porque hoy, el rostro de Carmen Navas es el rostro que llora por Venezuela.
Y también es el rostro de la memoria, de la dignidad y de la verdad que algún día reclamará justicia.