“Queridos hijos e hijas: Os he enviadoa mi hija muy amada en mi nombre, para acompañaros en esta lucha existencial entre el bien y el mal.
Son horas decisivas para vuestra nación. Sois un pueblo valiente y fuerte, llamado a encontrar el camino de la verdadera liberación y redención.
Sé que el camino estará lleno de incertidumbres, tribulaciones y sacrificios; pero no olvidéis jamás:
‘La verdad triunfará y os hará libres’.
Confiad en el infinito amor, la justicia, el perdón y la misericordia divina del Padre, de mi amado Hijo Jesús y del Espíritu Santo.
Recordad siempre:
‘La violencia engendra más violencia, y el odio enceguece el corazón y aparta de la virtud’.
Ha llegado la hora de la Divina Misericordia.
Practicad el perdón sincero y la justicia con compasión.
Que el amor venza al odio, al rencor y al resentimiento.
Orad cada día. Orad siempre con fe profunda y con toda vuestra alma.
Rosario en mano y fe en el corazón.
El Santo Rosario es poderosa arma espiritual contra el mal y contra todo peligro.
Os pido especialmente:
Desde hoy, rezad el Santo Rosario diariamente. Vestid de blanco y celeste, y reuniros en unidad frente a vuestros hogares o lugares de trabajo, especialmente a las seis de la tarde, hasta que vuelva a brillar el arcoíris de la paz, la justicia y la libertad en vuestra nación.
Ofreced ayuno y sacrificios voluntarios.
Renunciad al orgullo, a la vanidad y a la opulencia.
Compartid vuestros bienes y servid con humildad a los más pobres y necesitados.
Perdonad de corazón a quienes os hayan ofendido.
Sólo así hallaréis la paz verdadera en vuestros corazones y en vuestra patria.
No temáis.
Yo os acompañaré, os protegeré e intercederé ante el Padre por vosotros todos los días.
Dios os bendiga siempre.
Vuestra Madre,
María.
Por: JARB