La verdad como fundamento de una transición democrática en Venezuela:
Una reflexión necesaria para la nación.
Venezuela atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia republicana. No se trata únicamente de un problema político o institucional; se trata, en esencia, de un problema ético y moral que interpela a la conciencia de la nación.
Desde una perspectiva filosófica y axiológica (como lo señalaron pensadores como Immanuel Kant, al afirmar que la dignidad humana y el deber moral deben orientar la acción pública, o Jean‑Paul Sartre, al destacar la responsabilidad individual frente a la libertad) resulta imposible concebir una política legítima que no esté profundamente vinculada a la ética.
La ética y la política son inseparables.
Un cambio auténtico para Venezuela no puede construirse sobre la incoherencia, la mentira o el olvido deliberado de los hechos. Debe edificarse sobre los cimientos de la verdad, la justicia y la moral pública.
La verdad como punto de partida
La paz, la libertad y la democracia no pueden edificarse sobre la base de la mentira.
El país conoce los hechos. El mundo también los conoce. Las elecciones del 28 de julio representaron una expresión clara de la voluntad popular, en la cual Edmundo González Urrutia obtuvo la presidencia de la República con el liderazgo político de María Corina Machado.
Desconocer esa realidad significa intentar reconstruir el país sobre un fundamento falso.
Y ninguna nación puede reconstruirse sobre la mentira.
La verdad tiene (como suele decirse)el tamaño de una catedral. Está allí, visible para todos, esperando ser reconocida. Lo que corresponde es restablecer el compromiso institucional de las autoridades electorales de publicar, revisar y reconocer los resultados conforme a la voluntad soberana del pueblo venezolano.
La necesidad de una transición basada en la ética y la Moral Pública.
Venezuela requiere una transición política seria, responsable y profundamente ética y moral.
Ello implica la constitución de una “Junta de Transición” integrada por ciudadanos de probada honestidad, credibilidad pública y compromiso con la democracia. Hombres y mujeres capaces de asumir la responsabilidad histórica de conducir al país hacia una etapa de reconstrucción institucional.
Pero esa transición debe responder a un principio fundamental: la coherencia.
No es posible construir una nueva Venezuela incorporando a quienes han sido protagonistas directos de su destrucción. No se puede mezclar el agua con el aceite y esperar que de esa contradicción surja la unidad.
La unidad verdadera solo puede construirse sobre los mismos valores, sobre los mismos compromisos y sobre la misma verdad.
Unidad sí, pero con verdad y responsabilidad
En estos momentos se invoca con frecuencia la palabra unidad. Y ciertamente, el país necesita unidad.
Pero la unidad no puede convertirse en una coartada para la impunidad.
Venezuela necesita reconciliación nacional. Necesita perdón social. Pero el perdón auténtico solo puede existir cuando se reconoce la verdad y cuando la justicia cumple su función.
La justicia no puede confundirse con impunidad.
Existen delitos que han afectado profundamente la dignidad humana, la libertad y la vida de miles de venezolanos. Esos hechos deben ser investigados, analizados y judicializados conforme al derecho nacional e internacional.
Solo así será posible una reconciliación verdadera.
La reconstrucción moral de la República:
La crisis venezolana no es únicamente económica o institucional; es también una crisis moral del poder público.
Por ello, la reconstrucción del país exige algo más profundo que reformas administrativas. Exige una renovación ética de la política.
La política debe volver a su sentido original: servir al bien común, proteger la dignidad humana y garantizar la libertad de los ciudadanos.
Como afirmaba Kant, la política sin moral se convierte en simple ejercicio de poder; y cuando el poder se separa de la ética, termina inevitablemente en abuso.
Un llamado a la conciencia nacional.
Este es, ante todo, un llamado a la conciencia de la nación.
No podemos comenzar una nueva etapa histórica repitiendo los errores del pasado. No podemos construir esperanza con los mismos actores que han sembrado destrucción, persecución, violencia y caos social.
La transición venezolana debe ser profundamente ética, basada en ciudadanos capaces de inspirar confianza, respeto y responsabilidad pública.
Debemos reconstruir el país desde la verdad.
Porque, como enseña la tradición moral y espiritual de la humanidad:
“ Solo La verdad nos hará libres.”
Solo desde la verdad, la justicia, la Moral y la ética será posible reconstruir una Venezuela democrática, reconciliada y verdaderamente libre.