Colombia llora. Colombia sangra. Colombia se indigna.
En un acto vil, cobarde y artero, ha sido arrebatada la vida del senador Miguel Uribe Turbay, uno de los hijos más preciados de la patria, cuya voz emergente, firme y valiente señalaba a los corruptos, a los criminales y a los traidores de la nación.
Hoy su nombre se suma al largo rosario de tragedias que han marcado nuestra historia con el asesinato de líderes democráticos: hombres y mujeres que osaron alzar la palabra para defender la libertad y denunciar el crimen.
Colombia sabe —y no lo olvida— que detrás de este crimen hay manos oscuras y homicidas, amparadas por la cortina tricolor que pretenden mancillar.
¿Quién ordenó este homicidio? ¿Quién instigó el odio y la muerte de un líder político llamado a renovar la esperanza?
No lo ignoramos: es el mismo poder que ha sembrado la violencia, que ha utilizado el resentimiento como arma política y que hoy persigue, humilla y desarma a nuestras Fuerzas Armadas, dejándolas expuestas ante la criminalidad.
Esta muerte no quedará impune.
Miguel Uribe Turbay no muere en el olvido. Su historia y su legado van más allá de su vida: son bandera de resistencia frente a quienes quieren destruir nuestra democracia.
Colombia cobrará esta deuda de sangre en el corazón y la conciencia nacional, porque lo que hoy nos arrebatan no es solo un hombre, sino un proyecto de país libre, próspero y justo.
El asesinato de este joven senador —heredero de una familia que ya ha entregado vidas por Colombia, incluida la de su madre— es un golpe a la dignidad nacional, a la institucionalidad democrática y a la esperanza de millones.
Pero es también una declaración de guerra de los enemigos internos de la República, de esa mal llamada clase política enquistada en el poder, nacida del crimen, del secuestro, del narcotráfico y del odio ideológico que pretende perpetuarse destruyendo todo lo que huela a libertad.
Hoy se corta una vida, pero se abre una lucha frontal: los ciudadanos de bien contra los delincuentes que, desde dentro y fuera del poder, buscan la destrucción de Colombia.
Colombia, en pie. Colombia, alerta.
No más concesiones. No más silencio. No más indiferencia. Hoy la historia cambia.
Este asesinato es un punto de no retorno: la hora de enfrentar sin medias palabras a quienes desde el poder quieren acabar con nuestra patria.
A Miguel Uribe Turbay lo asesinaron porque representaba la posibilidad real de un nuevo liderazgo, porque se atrevió a enfrentar al crimen con determinación y a soñar con una Colombia libre de retaliación y odio.
Lo asesinaron porque, como otros grandes líderes de nuestra historia, se convirtió en símbolo de resistencia y esperanza.
Este crimen se inscribe en un patrón de violencia contra líderes democráticos, que amenaza la legitimidad de las instituciones y el derecho a disentir.
Pero Colombia no se arrodilla. Colombia no se entrega. Colombia no se rinde.
La sangre de Miguel Uribe Turbay será semilla de libertad.
Por él, por todos los que hemos perdido y por la patria que nos duele, seguimos de pie.
Nota biográfica:
Miguel Uribe Turbay (1986-2025) fue un abogado y político colombiano, senador de la República, conocido por su defensa de la institucionalidad democrática y su lucha contra la corrupción. Proveniente de una familia con una larga trayectoria de servicio público, su madre, Diana Turbay, periodista, fue asesinada en 1991. Su labor en el Senado estuvo marcada por su firme oposición a las estructuras criminales y su defensa de la seguridad ciudadana.
JARB