La humanidad enfrenta hoy una lucha profunda y definitiva lucha entre el bien y el mal, entre los valores eternos y los antivalores promovidos por una mal llamada “agenda global”, que pretende despojar al ser humano de su esencia moral y espiritual trascendente.
Es nuestro deber alertar sobre esta realidad crítica que amenaza no solo la estabilidad política y social, sino la misma naturaleza humana.
Desde tiempos antiguos, grandes pensadores nos han advertido acerca de este peligro latente.
Platón, en “La República”, definió claramente que “la virtud y el conocimiento debían ser la base del liderazgo político y social”. Alertó sobre los peligros que representan los sofistas, aquellos que manipulan la verdad con palabras vacías para instaurar regímenes injustos. Su discípulo Aristóteles complementó estas reflexiones al sostener en su “Ética a Nicómaco” que: “solo una vida virtuosa permite al hombre alcanzar su máximo potencial y felicidad auténtica, advirtiendo también que cuando la virtud es sustituida por el vicio, la sociedad inevitablemente colapsa”.
La alerta filosófica y ética continuó con Séneca, quien destacó: “ que la decadencia moral y espiritual ocurre cuando la sociedad abandona la reflexión y se entrega a los placeres inmediatos y superficiales, olvidando cultivar la sabiduría, el autocontrol y la virtud; Según Séneca, “una sociedad sin valores espirituales firmes cae en manos de líderes oportunistas y tiránicos que promueven la anticultura y la decadencia para mantener el control sobre las masas”.
En tiempos contemporáneos, pensadores como Viktor Frankl, en su obra “El hombre en busca de sentido”, advirtieron que: “ el vacío existencial y la pérdida de propósito permiten el ascenso de ideologías destructivas y regímenes totalitarios” . Este vacío es precisamente el caldo de cultivo para que prospere una “agenda global” que, bajo la fachada del progreso materialista, impulsa el relativismo moral, la superficialidad cultural y el nihilismo espiritual.
Hannah Arendt, en “Los orígenes del totalitarismo”, alertó que: “ la manipulación masiva, la pérdida de individualidad y la destrucción de los valores morales esenciales permiten el establecimiento de regímenes que no distinguen entre derecha o izquierda, sino entre aquellos que promueven la vida espiritual, moral y humana, y aquellos que solo buscan la dominación mediante la manipulación del temor y la esperanza falsas.
La “agenda global” actual promueve sutilmente lo que Marx llamó “materialismo dialéctico”, pero aplicado de manera perversa. Se busca reducir al ser humano a un consumidor pasivo, dominado por necesidades materiales artificialmente creadas, en detrimento de la trascendencia espiritual que siempre ha definido la esencia humana. Esto no es progreso, es retroceso; no es cultura, es anticultura; no es libertad, es esclavitud disfrazada.
Este momento exige una respuesta inmediata y profunda de parte de todos aquellos Actores Sociales comprometidos con la dignidad humana, la espiritualidad genuina y la cultura verdadera. Es una batalla filosófica, ética y espiritual. Como señaló Nietzsche, es vital superar al “último hombre”, aquel que se conforma con una existencia cómoda y sin aspiraciones superiores, y recuperar el impulso trascendente que nos define como “seres humanos auténticos” .
Hoy hago un llamado urgente a todos los países, sociedades y personas comprometidas con la verdad, la justicia y el bien común, para resistir esta agenda global destructiva. Es necesario retornar a las fuentes clásicas del pensamiento humanista y espiritual, recuperar a Platón, Aristóteles, Séneca, Frankl y Arendt, quienes han advertido claramente del peligro que representa abandonar la virtud y los valores esenciales.
La humanidad debe recordar que su verdadera lucha no es meramente política o económica, sino fundamentalmente moral y espiritual.
Es tiempo de elegir con sabiduría: optar por la vida, la trascendencia y los valores eternos, frente al vacío moral, el relativismo ético y la degradación espiritual.
Es el momento de Unirnos y hacer un frente común más allá de los intereses particulares de los grupos sociales, económicos y políticos, incluso de los países mismos.
Es necesario tomar conciencia del momento actual y alinearse del lado correcto de la historia, del lado de la verdad, de los Valores universales que le dan sentido trascendente a la existencia humana.